Como Don Manolo

Justito al lado de mi casa en donde crecí en Concepción estaba el “Almacén de Don Manolo”. Si, de gran casualidad el señor almacenero se llamaba igual que el de las historietas de nuestra querida Mafalada. Don Manolo se levantaba todos los día tempranito a la mañana a abrir el almacén y lo atendía junto con su señora Doña Nelly hasta cerrar bien tarde a la noche, de Lunes a Domingo. Uno siempre podía confiar que el almacén estaba abierto y listo para proveerle de todo lo que uno necesitara, desde pan del día hasta tiras de zapatillas. Si uno justo andaba sin plata en el bolsillo no había problema: Don Manolo te “fiaba”; anotaba en su libretita y te dejaba que le pages luego cuando tengas. No se ni cuando ni como Don Manolo había abierto el negocio, pero me imagino que le hubiera tomado cierto esfuerzo juntar el capital para comprar la mercadería inicial y mucho valor para abrir las puertas. Don Manolo no era una persona de mucha educación pero si de grandes valores. Gracias a su esfuerzo, su confianza, su trabajo duro y constante, nuestro barrio tuvo provisión infalible de alimentos y mercaderías básicas por más de treinta años, hasta el mismísimo día que Don Manolo se nos fue.

Don Manolo es solo uno, de los millones de emprendedores que construyeron y construyen nuestro país. Que tomando riesgos grandes, trabajando duro, adaptándose las circunstancias de cada época, nos proveen de los productos y servicios que todos necesitamos. Que creciendo sus negocios logran generar empleos para sus comunidades. Que pagando impuestos a sus ganancias soportan los servicios públicos de los que todos nos beneficiamos, desde la Policía, hasta la Educación pública y gratuita, incluyendo los subsidios a los más desprotegidos. Son los motores de nuestro país y de todos los países.

Me duele mucho lo que está pasando en mi Tucumán querido y en otros lugares de mi Argentina querida, y a la distancia más aún. Como en las fábulas más trágicas desprotegimos y atacamos a quienes nos dan de comer. Duele y desilusiona porque va en contra de la mismísima naturaleza comunitaria y social de los seres humanos. Sobrevivimos y prosperamos como Homo Sapiens gracias a que durante millones de años nos organizamos en comunidades unidas, protegiéndonos unos a otros, proveyéndonos mutuamente de alimento y seguridad. Es lo que fuimos y lo que somos, aunque con dolor, a veces parece que nos lo olvidamos.

Es fácil echar culpas y odiar a quien creemos culpables. Pero yo creo que todos somos responsables de los valores que imperan en nuestra sociedad. Hagamos algo al respecto. No desde la frustración y el odio. Sino desde la esperanza y la confianza en la milenaria naturaleza humana. En frente a la irresponsabilidad de quienes deberían protegernos: seamos aún más responsables en nuestros propios roles. En frente al desdén hacia el trabajo duro: trabajemos más duro aún. En frente a la falta de respeto hacia el otro: seamos aún más respetuosos hacia nuestros otros. En frente al egoísmo: seamos aún mas generosos. En frente a la desesperanza y el odio: seamos esperanzados y elijamos el amor. Hoy es un día tristísimo, pero toda tormenta pasa. Y al día siguiente, como Don Manolo, hay que levantarse bien tempranito y salir reconstruir.

PD: Quizás algunos pensarán “Claro, es fácil opinar desde afuera. Vos no estás acá viviendo esto…”. A la distancia muy difícil también, duele ver de lejos a tu pueblo desgranarse, y no poder ofrecer tus manos para ayudar. Opino porque me importa y me duele. Y porque deseo de corazón que todos juntos construyamos un mañana mejor.

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